
La cirugía cardiaca con circulación extracorpórea (CEC) se acompaña de una respuesta inflamatoria sistémica, caracterizada por vasodilatación y por disminución de la resistencia vascular sistémica (RVS). Esta condición patológica se traduce en importante morbilidad y mortalidad1. El cuadro clínico se asocia a un gasto cardiaco (GC) elevado y evidencias de disfunción de órganos: oliguria, elevación de lactato isquemia coronaria, entre otros.
La etiología parece ser la activación de un sistema de mediadores neuroendocrinos e inmunológicos que generan injuria endotelial, liberación de citoquinas y otros mediadores de la inflamación. El mecanismo responsable se conoce sólo en forma parcial2. Su tratamiento involucra la optimización en la administración de volumen y uso de vasopresores para restablecer la RVS y la presión arterial (PA) avalores normales. Desafortunadamente,los cuadros clínicos avanzados de vasodilatación se asocian a falta de respuesta adrenérgica, condición conocida como síndrome vasoplégico (SV). En 10% de los casos hay resistencia al uso de catecolaminas y efectos colaterales por las elevadas dosis de vasopresores utilizados3. El cuadro clínico se asocia con mayor frecuencia a períodos prolongados de CEC, situaciones de emergencia, uso prolongado de vasopresores y pacientes de edad avanzada. Si persiste, pese a un adecuado manejo farmacológico, se asocia a una elevada tasa de mortalidad4. Las diferentes series reportan incidencias variadas de SV, dependiendo de la definición exacta que los autores den al cuadro clínico descrito. Aun así, y dada la asociación a estadías prolongadas en UCI, períodos hospitalarios extendidos, así como mayores costos de hospitalización, constituye un tema relevante para todos aquellos encargados del manejo de estos pacientes.